Boosters

Dos caminos divergieron en un bosque y yo, Yo tomé el menos caminado, Y eso ha hecho toda la diferencia. -Robert Frost-
¿Alguna vez tuviste en mente una “buena idea” que no llegaste a realizar, y un tiempo después descubriste que alguien más tuvo una idea similar que desarrolló y resultó siendo un gran éxito? Y más aún, que, si hubieras materializado esa buena idea, ¿el éxito habría sido tuyo?
Esta es la historia de muchas personas que tuvieron grandes ideas… que no llegaron a ser, por variadas razones, como falta de dinero, tiempo, organización, apoyo, contactos, conocimiento, … y quizá ¿valentía?
Si. Siempre nos han dicho que emprender es para valientes. Y sí, se necesita ser valiente y perseverante (incluso tozudo), paciente, creativo, flexible, resiliente, receptivo, y un sin número de características que algunas veces no logramos identificar en nosotros mismos. Haciendo el recuento de cualidades que se “deben tener” para “ser emprendedor”, al final decidimos que no encajamos en estas, y por lo tanto el emprendimiento no es para nosotros… y pasamos la página.
Pasar la página significa dejar ir esa idea que quizá hubiera sido una oportunidad maravillosa; pero, al fin y al cabo, nos convencimos de que no teníamos suficiente dinero para financiarla, ni tiempo para dedicarle. No sabíamos cómo organizarnos, ni teníamos quien nos apoyara. Carecíamos de contactos que nos pudieran dar una mano y nos faltaba un poco de conocimiento. Así que aparentemente tranquilos, volvimos a nuestra rutina. Pero un día identificamos algún vestigio de la que fue nuestra idea en el logro de alguien más, y nos preguntamos… ¿Qué hubiera pasado sí?
Detrás de esa pregunta se esconden miles de posibilidades que nunca descubriremos. Los más osados de nosotros, incluso, se atreven a soñar con ese camino no tomado y estudian detalladamente los pasos ejecutados que al final materializaron esa idea, los beneficios económicos que surgieron de ésta, y en ocasiones comentan entre sus allegados que ésa fue alguna vez su idea. Otros, en cambio, sencillamente dejamos así y de alguna manera nos olvidamos. Pero en algún lugar -muy dentro- queda la duda sobre si emprender hubiera podido ser para nosotros, y si esa idea no realizada habría hecho alguna diferencia en nuestra vida.
El emprendimiento es para muchos ese camino no tomado, pues representa más dudas que certezas y más preguntas que respuestas. Pero si pudiéramos devolver el tiempo y resolver una o varias de esas razones por las cuales no materializamos esa idea, ¿nos atreveríamos a llevarla a cabo?
Pues bien. Mi propuesta es una reivindicación a esos momentos de cobardía. Creo que es el momento de desdibujar todos los juicios que tenemos respecto de emprender, y de los emprendedores, y ver si realmente es preciso “encajar” dentro de esa palabra para serlo.
Sobre el emprendimiento y los emprendedores existen variados enfoques abordados desde diferentes ópticas: la psicológica, microeconómica, comportamental, social y demográfica, entre otras. Dichos enfoques buscan, además de caracterizar a los emprendedores, entender cómo y por qué deciden desarrollar una idea y crear una empresa, analizar su forma de actuar ante diferentes situaciones y estímulos, y sobre todo, determinar si un emprendedor nace o se hace. A pesar de todas estas hipótesis, y dado que no existe evidencia científica que las respalde, no es posible llegar a una conclusión definitiva y cualquier aproximación que se haga resulta siendo sólo el análisis empírico de cada autor.
Si bien estos análisis empíricos detallan una lista de rasgos comunes en la personalidad de los emprendedores, no está comprobado que la ausencia de algunos de estos descalifique a una persona para serlo. Dicho de otra forma, nos pueden faltar una o varias características, y aun así podemos llegar a ser emprendedores exitosos. La pregunta es, ¿y cómo? En mi opinión -producto también de la experiencia- creo que hay algo crucial en los emprendedores de corazón, y es la pasión. Ser apasionado por un proyecto supone la capacidad de creer firmemente en él, encontrar los caminos para avanzar, ver oportunidades en los problemas, tomar los riesgos que se requieran y asumir los retos con entereza. Cuando nos mueve la pasión por algo la motivación está al tope, y es posible superar los obstáculos.
¿Quieres emprender y no sabes cómo? Enfoca tu atención en eso que te apasiona y conviértete en el mejor haciéndolo. Permítete soñar y ser tan detallista como puedas en esa idea. Identifica quién sería tu cliente ideal y la forma correcta de acercarte a él, llevándole esa propuesta valiosa que desarrollaste. Define la mejor forma de relacionarte con tu cliente, y qué y cómo le vas a cobrar. Establece qué recursos necesitas para alcanzar tus objetivos y quiénes serían tus aliados estratégicos.
Lo anterior se “aterriza” en un plan de negocios, que es la hoja de ruta en la que se plasman en forma organizada los objetivos de un proyecto. Existen diversos modelos y técnicas para hacerlo, pero lo importante aquí es la consciencia con la que se haga. Un modelo de negocio no es una actividad en una lista de chequeo… es el punto de partida de nuestra idea, y quizá la parte más importante de ésta, pues muestra no solo los objetivos, sino los recursos que se requieren para alcanzarlo. Habiendo aterrizado muy bien esa idea es más fácil definir la imagen de lo que queremos y necesitamos proyectar, y entendiendo la magnitud de los recursos para materializarla es posible encontrar diferentes rutas para llegar a nuestro objetivo. Por eso es preciso hacer un muy buen plan de negocios y asesorarse bien.
En lo personal, creo que por esas ideas que nunca fueron, vale la pena desarrollar la próxima idea que nos apasione, y tomar ese camino, el menos transitado. Porque puede que tomarlo, haga toda una diferencia en nuestra vida. Existen muchas razones para no hacerlo, por supuesto, y solo una para sí: Querer.